Imagina que entra un paciente nuevo. Se tumba en la camilla, te mira y pregunta: «¿Y qué me vas a hacer exactamente?» Señalas la pared. En treinta segundos entiende más de lo que podrías explicar en diez minutos. La sesión empieza con confianza.
Y no es solo para los pacientes. Cuántas veces llevas meses sin practicar una técnica concreta y necesitas recordar la posición exacta de las manos. El póster está ahí, sin abrir ningún libro, sin salir del campo relacional.